Fabio Alberti: “Mi humor nace en la palabra”


El cura Peperino Pomoro, famoso personaje del actor Fabio Alberti, tiene ahora su propio espectáculo. Desde el 12 de abril, los domingos a las 22 en el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857), Peperino Pomoro: la apocalipsis existe es la cita para fans de esta creación de ficción que llego a miles de televidentes durante los ciclos del programa Cha Cha Cha, liderado en la década del 90 por Alfredo Casero, junto Diego Capusotto. Alberti, creador e intérprete del charlatán religioso, ahora estará en el escenario acompañado de Rolo Biondo, con producción de Giuliano Bacchi. En esta entrevista, brinda más detalles e invita, con la sutil ironía que lo caracteriza, a que el espectador vaya a verlo: “Vení, pero no te prometo nada, porque capaz te defraudo”.

—¿Qué hizo que regresara Peperino?

—Algo se habrá alineado para que Peperino hoy tuviera su espectáculo. Sigue la estela que quedó de las 100 funciones que hicimos celebrando Cha Cha Cha [con un cierre en Movistar Arena en diciembre de 2025]. El personaje fue muy celebrado y surgió la posibilidad de hacer un espectáculo del cura. Es un personaje muy querido, está vivo y sigue creciendo.

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—¿Cómo es la propuesta de esta obra?

—El espectáculo no solo es del cura sino también de cinco personajes que narran distintos aspectos de la vida, obra y triglicéridos del mártir Peperino Pomoro. Rolo Biondo también interpreta tres personajes, en este show que se basa en la religión, un tema bastante en boga, que se mantiene vigente. Está muy divertido. Hay una pantalla, hay video; es un multimedias: todos los personajes usamos medias, estamos con medias.

—¿Qué margen de improvisación hay en la propuesta?

—Está todo guionado. Tengo que estudiarme 60 páginas, que respeto a rajatabla, así como están escritas. Cada palabra está elegida para cada lugar. No me permito cambiar una palabra por otra. Puedo probar agregar alguna cosita de actualidad de la semana, que me resulte simpática. Pero está todo medido: los tiempos de pantalla, cada música, cada off, cada video. Está medido el tiempo exacto para cambiarme de un personaje a otro.

—¿Por qué decís que la religión es un tema bastante en boga?

—Tiene que ver con el título del espectáculo. Si no estamos viviendo un apocalipsis, uno tiene la sensación de que tampoco está muy lejos. Tampoco creo en el fin del mundo, pero la religión tiene bastante que ver con lo que pasa. Al final del espectáculo, el personaje del cura se va, se va, se va de las manos: empieza a tener alucinaciones y narra lo que va a suceder en el año 2039, de ahí el título: La apocalipsis existe.

—Tu humor tiene mucho que ver con la palabra. ¿De dónde viene tu trabajo específico con deformaciones del latín?

—Sí, considero que mi humor tiene mucho que ver con la palabra. No quiero decir que es un humor intelectual, pero tiene más que ver con la palabra, que con lo físico, aunque el físico por momentos también hay que ponerlo. Aparte, cuando uno no tiene un físico privilegiado, es gracioso. En este espectáculo, hay un niño que aparece y usa un falso latín. En el Colegio San Juan el Precursor, mamé el latín. “Adimple ministerium” dice el escudo: “Cumple tu misión”. Así como sé cantar el “Salve Regina”, le cambio la letra y hablo un falso latín.

—¿Cómo caracterizarías a Peperino Pomoro?

—Es muy inocente, campechano. Habla sin decir nada y es escuchado. El personaje está logrado, porque te quedás escuchándolo y al final te preguntás: “¿Qué dijo?”. Nada. Esto sucede con personajes públicos. Cayendo en una obviedad, por ejemplo, los políticos te hablan y no te están diciendo nada; ya ni mentiras dicen.

Hermandad arriba y abajo del escenario

A.M.

—¿Cómo es tu vínculo con Alfredo Casero?

—Con Alfredo tengo una relación como de hermanos. En la tele, empecé con él en De la cabeza. Después se fue sumando más gente a Cha Cha Cha y a otras cosas que hice. Pero yo siempre seguí en contacto con Alfredo, incluso en las cien funciones del año pasado. Son muchísimos años de conocernos arriba del escenario. Lo respeto muchísimo como artista. Él me respeta a mí; creo que soy de las pocas personas que lo pueden sorprender arriba de un escenario. Hay una amistad y respeto.

—En muchas ocasiones, hizo declaraciones públicas que generaron polémica. ¿Conversan al respecto de estas situaciones?

—No, no. En muy pocas veces, habló de declaraciones que hubiera hecho. No, no, no son temas que hablemos cuando nos juntamos. Ni a él le interesan. Él se divierte con todo lo que dice y, al día siguiente, ya fue, no se queda enroscado en eso. Esa es la sensación que tengo.

—¿Qué mirada tenés sobre la televisión actual?

—La televisión sigue metida dentro de las casas, porque hoy la TV es un Smart donde no solo vas a ver lo que capte una antena o una papa con dos agujas, sino que ves Internet, plataformas, de todo. Estamos más informados o desinformados o “embuidos” (diría el mártir Peperino Pomoro) de información. El contenido de los programas puede que haya cambiado, pero seguís teniendo programas más obsoletos y cosas más nuevas entre comillas, porque no veo nada muy novedoso. Además, no existen programas de humor, con vestuario, escenografía. Hoy la TV en vivo es cinco personas sentadas opinando.



Fuente: www.perfil.com

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